martes, 10 de enero de 2023

Obras y Autores de la Novela Urbana en Ecuador

José Luis Martínez considera que la ciudad de México aparece en la prosa narrativa en el instante en que surge la novela en el país. Este momento está marcado por la aparición de El Periquillo Sarniento (1820-1821), de José Joaquín Fernández de Lizardi, novela que ofrece una semblanza completa de la vida de la ciudad, retratada por medio de sus clases sociales.

Después de esta manifestación de narrativa urbana, en la segunda mitad del siglo xix y principios del siglo xx, surgen inquietudes en numerosos autores alrededor de la descripción de una ciudad que se apodera cada vez más de sus habitantes.

Guillermo Prieto narró, en sus memorias y en sus cuadros de costumbres, los episodios sociales de una urbe en construcción. Describió con detalle los personajes que pueblan sus calles y observó los mecanismos de las relaciones que plantea la modernidad citadina.

Nombres como el de Manuel Gutiérrez Nájera, Ramón López Velarde y Amado Nervo pueden también vincularse con lo urbano. Para el primero –pionero de un género por excelencia urbano, la crónica– es central el paseo del flânneur parisino en la experiencia de la escritura. Su narración urbana más celebre es el cuento "La novela del tranvía", ubicado en la ciudad de México. Ramón López Velarde muestra, tanto en su poesía como en su prosa, inquietud por las implicaciones de vivir en la ciudad y por las diferencias entre ese ámbito y el entorno plácido y tranquilo de la provincia. Amado Nervo manifiesta, en sus pocos conocidos escritos en prosa, que la ciudad se convierte en un estallido de experiencias en el seno del porfiriato.

En las fronteras del siglo xx asomaron a la escena literaria Ángel de Campo y Federico Gamboa, con narraciones realistas que continúan esta línea de reflexión. Su inquietud gira alrededor de las devastadoras consecuencias de vivir en una ciudad marcada por la agitación y el engaño. Para ambos, la ciudad parece ser una fuerza que suscita grandes tragedias.

Antonio Magaña Esquivel, coetáneo de los miembros de la Generación Taller, es el primer escritor que se dedica a explorar los bajos fondos de la ciudad de México, en su novela El ventrílocuo (1944). Escribió también La tierra enrojecida (1951), con la que ganó el Premio Ciudad de México. José Alvarado, perteneciente a la Generación Taller plasmó en sus cuentos historias sobre personajes de los barrios pobres de la ciudad de México. Destacan "El acta de defunción" y "Lupe tequila". Asunción Izquierdo Albiñana escribe con el seudónimo Pablo María Fonsalba la novela La ciudad sobre el lago (1949), una especie de biografía de la ciudad de México, Rafael Solana publicó El sol de octubre (1959), que cuenta historias de vidas ubicadas en la ciudad de México de aquellos años.

De aquella ciudad de largos y preciosos paseos, de las experiencias y miradas de Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Salvador Novo, Rodolfo Usigli, Rafael Bernal, Mariano Azuela, incluso de aquella ciudad como exilio sin retorno del El libro vacío (1958), de Josefina Vicens, La ciudad de Ojerosa y Pintada (1959), de Agustín Yáñez, y la ciudad del milagro moderno de Casi el paraíso (1956), de Luis Spota, se transita hacia una urbe con una dinámica de crecimiento distinta, que desembocará en un proceso paulatino de descomposición.

A partir de La región más transparente, de Carlos Fuentes, publicada en 1958, la ciudad no se conquista, sino que pertenece a los escritores. En esta novela, Fuentes aborda alrededor de la consolidación de la burguesía y la ruina de las clases trabajadoras. El sitio físico que elige para ello es la Ciudad de México. En un país que deja de ser presidido por militares para dar paso a los civiles, Fuentes descubre la vida de los citadinos que han dejado atrás la Revolución y el antiguo régimen, para insertarse de una vez por todas en el nuevo orden. Esta obra es considerada, por la mayoría de los críticos, como la novela que origina la literatura urbana.

En 1966 se publicó De perfil, de José Agustín. Esta novela instala de manera contundente una nueva narrativa de y para la ciudad de México. De perfil inaugura un lenguaje y un estilo; habla de las cosas de la ciudad, que se convierte en personaje generador de situaciones específicas: soledad, angustia, desencanto. Aparecen en la literatura mexicana la leperada y la narración directa. Surge la llamada Literatura de la Onda.

Para Agustín y sus coetáneos, Gustavo Sáinz con Gazapo (1965), Parménides García Saldaña con Pasto Verde (1968) y René Avilés Fabila con Los juegos (1968), la vida cotidiana debía ser parte de la literatura, y para ello había que emplear el habla de todos los días y nombrar las cosas en concreto.

Diversos autores, inspirados en los “onderos”, comenzaron búsquedas personales o decidieron explorar estilos semejantes a los de aquéllos. A partir de la década de los setenta, la narrativa escrita en la ciudad de México, que incluye a la ciudad como personaje, se diversifica de manera desnuda. La narrativa urbana se inserta en los mundos más sórdidos de la ciudad. Surgen escritores marginales como Armando Ramírez, y gente preocupada por exponer la miserable vida en los barrios y suburbios de la metrópoli. Aparece, así, la literatura de los barrios. Armando Ramírez abre la larga lista con Chin chin el Teporocho (1972), Violación en Polanco (1977), Las noches del califas (1982) y Quinceañera (1985), entre otras. Le siguen escritores como Cristina Pacheco, José Contreras Quezada y Emilio Pérez Cruz. Se consideran también dentro de este rubro, con sus particularidades, Madre diga que no es cierto (1984), de Rafael Gaona, y Sobre esta piedra (1982), de Carlos Eduardo Turón.

A esta modalidad (la literatura del barrio), habría que agregar La banda, el consejo y otros panchos (1984), de Fabrizio León, y La leyenda escandinava (1989), de Nelson Oxman. Esta última, que sucede en la colonia Escandón, es un relato de bandas urbanas cuyas leyes son la violencia y la astucia.

En la década de los ochenta prolifera la novela de tema urbano con fines de denuncia, y se hacen interesantes aportes a la Literatura de contenido social. Algunos ejemplos de esta línea son Violeta Perú (1979), de Luis Arturo Ramos, en donde el personaje recorre, botella de tequila en mano, las calles de la ciudad a bordo de un transporte público; Mal de piedra (1981), de Carlos Montemayor, que se encarga de denunciar el abuso del poder. Hay novelas que ponen de manifiesto la corrupción y la lucha por la supervivencia, como Los ritos del confeso (1977), de Ángel Bonifaz Ezeta. También en esta línea está Roberto López Moreno con el libro de cuentos Yo se lo dije al presidente (1982), montaje de retratos urbanos cuyo signo es el desaliento. La novela de finales de los setenta y principios de los ochenta está politizada, desencantada de las instituciones; es escéptica y altamente crítica. Entre muchos otros escritores de novelas y cuentos de esta época está Fernando Curiel, con Manuscrito hallado en un portafolios (1981), novela sobre intrigas políticas y asesinatos. De José Emilio Pacheco se publica El principio del placer (1972), que incluye el cuento “Tenga para que se entretenga”, que se desarrolla en los alrededores del Castillo de Chapultepec, y Las batallas en el desierto (1981), que apunta hacia una tradición nostálgica ante la pérdida de un México que ya no existe. Agustín Ramos presentó La vida no vale nada (1982), novela que muestra la cotidianidad de los habitantes de una colonia proletaria de la ciudad, con los abusos y la corrupción institucionalizada de la que son víctimas. Joaquín Armando Chacón publica Las amarras terrestres (1982), donde denuncia la vida automatizada de esta época. José Joaquín Blanco nos ofrece La vida es larga y además no importa (1979), donde trata el tema de las clases medias urbanas; también publicó La púberes canéforas (1983), centrada en la obsesión de una relación homosexual, y Calles como incendios (1985), en donde se narra una historia de miseria material y espiritual en la ciudad. Aparecen La casa de las mil vírgenes (1984), de Arturo Azuela, y El desfile del amor (1984), de Sergio Pitol, en las que se reconstruyen las vidas de los personajes mediante la historia de un edificio de la colonia Roma. Encontramos también novelas de corte más intimista, como Pánico o Peligro (1983), de María Luisa Puga, en la que el personaje femenino se desplaza por la avenida Insurgentes. Aparece, de Agustín Ramos, Ahora que me acuerdo (1985), y de Héctor Manjarrez, Pasaban en silencio nuestros héroes (1987). Asimismo María Luisa Mendoza ofrece El perro de la escribana (1983), novela que privilegia la perspectiva femenina de las relaciones sociales y familiares que se establecen en la ciudad. Surge el antihéroe citadino en Dreamfield (1981), de Sealtiel Alatriste. Se publican Los dos Ángeles (1984) de Sergio Galindo, La noche del grito (1987) de Manuel Echeverría, y Cangrejo (1984) de Octavio Reyes. Rafael Ramírez Heredia, autor de Narrativa policiaca, publica, en 1989, La jaula de Dios, donde la ciudad es una jaula de mundos que discurren simultáneamente.

La sociedad como obstáculo para la realización personal es preocupación de Joaquín Armando Chacón, en Las amarras terrestres (1982), y de Francisco Prieto, en Si llegamos a diciembre (1985).

En la década de los noventa sale a la luz Viaje (1991), de Rafael Rodríguez Castañeda, novela que se desarrolla en la ciudad de México durante los meses posteriores al terremoto de septiembre de 1985. En 1994 se da a conocer Los secretos del paraíso, de Guillermo Zambrano, que trata del asesinato de un travesti, y La lepra de San Job, de Agustín Cadena, ubicada en el Londres industrializado del siglo xix, aunque con claras asociaciones a la ciudad de México.

La literatura urbana incluye el género citadino por excelencia: la crónica. Inaugurada en México por Manuel Gutiérrez Nájera, este género se ha cultivado a lo largo del siglo. Algunos escritores de crónica actuales son Gonzalo Celorio, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, José Joaquín Blanco, Emiliano Pérez Cruz y Vicente Leñero.

Pero no sólo la narrativa es atravesada por el poder de la ciudad. Si bien destaca como el género urbano por antonomasia, las demás manifestaciones literarias se reconforman y adoptan las formas de lo urbano; es el caso de la poesía.

En México, la poesía que inaugura las formas de lo citadino se inicia con el Posmodernismo, en la primera década del siglo xx; sus exponentes son Enrique González Martínez, Ramón López Velarde, Efrén Rebolledo, José Juan Tablada. Les seguiría de cerca el único movimiento vanguardista registrado en la historia literaria del país: el Estridentismo, con su influjo ultraísta y sus propuestas apegadas a la vida de la ciudad moderna.

La poesía encuentra sus propias formas y temas de lo urbano en textos como “El tercer Ulises”, de Enrique González Martínez; “Prisma”, de Manuel Maples Arce; “Pasado en claro”, “Nocturno de San Idelfonso” y “Hablo de la ciudad”, de Octavio Paz; Diario semanario y Poemas en prosa, de Jaime Sabines; “Los demonios y los días” y “Del templo de su cuerpo”, de Rubén Bonifaz Nuño; El tigre en la casa, “Caza mayor”, La zorra enferma, Tabernarios y eróticos y Tercera Tenochtitlán, de Eduardo Lizalde; Circuito interior, “Declaración de odio” y “Avenida Juárez”, de Efraín Huerta; Hemos perdido el reino y “Ciudad de México”, de Marco Antonio Campos; Miro la tierra y “Las ruinas de México”, de José Emilio Pacheco; “Estas y otras ciudades”, de Isabel Fraire; “La ciudad destruida”, de Jaime Reyes, entre muchos otros.

Koryn Tello Robles


Datos Curiosos de la Novela Urbana

 Entre estos pueden estar:

  • Lo urbano debe ser visto como un proceso y no como un tipo o categoría.
  • Esta en formacion constante. 
  • Para su consolidacion estan los ambitos de la oralidad y la escritura, lo moderno y lo tradicional, y la visión externa o interna de la voz narrativa en la novela.
  • La literatura de y acerca de la ciudad se fundamenta sobre las relaciones entre el sujeto literario y el objeto formado por el espacio urbano y sus habitantes.
  • Es un horizonte donde todo es posible. 
  • Ver que las ciudades literarias como las reales trazan mapas invisibles y fronteras indecisas donde todo confluye de manera diversa en una misma historia.
  • La totalidad historica, cultural y social le da un punto de vista distinto de parte del autor. 
  • Se consolida sobre la base de un horizonte ideológico que se hace inevitable en el proceso histórico de configuración de las ciudades y de la novela en el Ecuador o en el pais que se escribe. 
  • Identifica de la relación entre las formas simbólicas y estética en el mundo real y cotidiano. 

Novela Urbana en Ecuador

 Características:

1. se ha caracterizado por ser esencialmente costumbrista y, en general, muy ligada a los sucesos exclusivamente nacionales, con narraciones que permiten inferir cómo es y se desarrolla la vida diaria del ciudadano común y corriente. 

2. ha servido como medio para plasmar pensamientos, vivencias, anécdotas, realidades sociales de cada época y en la que los escritores ecuatorianos han tenido un papel importante pues se han desenvuelto como sujetos políticos.

3.detalla el mundo de la ciudad, a través de la reflexión autoconsciente de los personajes, narradores y situaciones” que incluyen los espacios de la urbe como otros protagonistas en la narración.

4. Cuida la estética de las palabras 

5. Se escribe en forma de prosa

Diana Tayo

lunes, 9 de enero de 2023

LITERATURA ECUATORIANA 1990

  •  ¿Qué es la Literatura Ecuatoriana? La literatura ecuatoriana se caracteriza por un carácter convencional y suele estar muy relacionada con los acontecimientos nacionales, cuyos relatos permiten inferir cómo nació y se desarrolló la vida cotidiana de los ciudadanos comunes.
  • Características de la Literatura Ecuatoriana de 1990 La Literatura ecuatoriana se caracteriza por ser esencialmente costumbrista, Predominio de la función poética o estética debido al uso de los recursos literarios, todos eran poetas y predominaban la creatividad, muy ligada a los sucesos exclusivamente nacionales
  • Autores de la Literatura Ecuatoriana de 1990 Los autores en los noventa fueron grandes poetas y artistas como Numa Pompilio, Juan Montalvo Fiallos, Juan León Mera, Julio Zaldumbide y Dolores Veintimilla.   
  • Obras de la Literatura Ecuatoriana de 1990

          - Numa Pompilio: Echeverri fue un poeta y filósofo ecuatoriano, nació el 5 de marzo de 1832 en Guayaquil y falleció en 4 de abril de 1907 en Guayaquil, reconocido por su obra EL AMOR SUPREMO publicado de 1880 

Numa Pompilio Llona - Wikipedia, la enciclopedia libre

          - Juan Montalvo Fiallos: Fue un ensayista y novelista ecuatoriano. Su pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por el anticlericalismo, nació el 13 de abril de 1832 en Ambato y falleció 17 de enero de 1889 en París Francia, reconocido por su obra SIETE TRATADOS 

Juan Montalvo - Wikipedia, la enciclopedia libre

          - Juan León Mera: Fue un ensayista, novelista, poeta, historiador, político conservador, y pintor ecuatoriano, nació el 28 de junio de 1832 en Ambato y falleció el 13 de diciembre de 1894 en Ambato, reconocido por su obra CUMANDÁ O UN FRAMA ENTRE SALVAJES. 

Juan León Mera - Wikipedia, la enciclopedia libre

         - Julio Zaldumbide: Fue un poeta y político de Ecuador. Es considerado como uno de los más importantes poetas del periodo romántico que se desarrolló en el siglo XIX, nació el 5 de junio de 1833 y murió el 31 de julio de 1887, reconocido por su obra LA ESTRELLA DE LA TARDE. 

Julio Zaldumbide - Wikipedia, la enciclopedia libre

         - Dolores Veintimilla: Fue una poeta ecuatoriana del siglo XIX. Durante su corta vida fue la creadora de poemas de corte romántico​​ que están cargados de elementos que asocian a la mujer, nació el 12 de julio de 1829 en Quito y falleció el 23 de mayo de 1857 en Cuenca, reconocida por su obra ANHELO QUEJAS 

Dolores Veintimilla - Wikipedia, la enciclopedia libre
 

domingo, 8 de enero de 2023

Literatura de 1980

La década de los 1980 está marcada por el auge de la novela histórica, como demuestra el éxito de Umberto Eco o Ken Follett, la literatura de fantasía (las obras paródicas de Terry Pratchett o las de Dragonlance, que emparentan el género con el juego de rol), y el relato de vidas de antihéroes.

En España se vuelve a una lírica gobernada por las leyes de la métrica, con autores que alternan el cultivo de la poesía y de la prosa, como Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero o Andrés Trapiello. En Portugal triunfa José Saramago con una novela que toma un fuerte posicionamiento político. En Japón escribe Haruki Murakami, uno de los autores más leídos de las letras niponas en Occidente. En el ámbito inglés, es relevante la aportación de Ian McEwan. Orhan Pamuk salta a la fama con sus novelas cruce entre el mundo oriental y el occidental. Bernardo Atxaga es uno de los nombres más preeminentes en euskera.

El tema colonial se cultiva tanto por autores africanos, como Tahar Ben Jelloun o Chinua Achebe, como nacidos en las antiguas metrópolis, como por ejemplo António Lobo Antunes. La literatura india cuenta con Salman Rushdie, condenado por sus declaraciones religiosas.

En Estados Unidos empiezan a publicar escritores de éxito como David Foster Wallace o Jonathan Franzen, que reivindiquen el retorno a la narrativa tradicional sin renunciar a las aportaciones posmodernas de la cultura popular o los diferentes medios de comunicación.

En Sudamérica continúan las publicaciones de los autores del realismo mágico, pero con nombres nuevos como el de Isabel Allende. Al mismo tiempo surge una literatura de protesta, fuertemente politizada, que reclama la plena democratización del subcontinente.

En catalán se hacen populares novelistas como Quim Monzó, Isabel-Clara Simó y Monllor o Sergi Pàmies i Bertran y el parateatro o teatro experimental de compañías fundadas en las postrimerías del franquismo, como Dagoll Dagom, La Cubana o La Fura.

La literatura china sigue los caminos de la década anterior pero las Protestas de la Plaza de Tian'anmen de 1989, con muertos y gran repercusión mundial, suponen la apertura definitiva de las letras chinas, ya que desde entonces proliferan las ediciones críticas, el diálogo entre los autores exiliados y los nacionales y la difusión de textos prohibidos gracias a las nuevas tecnologías. Un nombre a destacar es Gao Xingjian y en un ámbito más popular Amy Tan. La caída del muro de Berlín el mismo año implica el mismo hecho por los autores de la Alemania comunista.

Melany León

Literatura de 1970

  • La generación de poetas del 70 en Perú es una de las más potentes de nuestro continente debido a que nació en un contexto nacional e internacional claramente revolucionario
  • Floreció entre 1968 y 1970, autores que desde diferentes vías y experiencias, introdujeron, el espíritu crítico y el coloquialismo como recurso literario.
  • La no ficción ocupa puestos cada vez más importantes en las listas de ventas
  • Francisco Franco muere en 1975 y se inicia una transición democrática en España que permite recuperar los modelos europeos y se da un resurgimiento de las literaturas en lengua catalana y gallega
  • La polémica provocada por la publicación de Nueve novísimos poetas españoles divide la lírica peninsular entre renovadores y personalistas.
  • En China, la detención de la Banda de los Cuatro hizo florecer de nuevo la literatura crítica
  • Dentro de la novela de terror, comienza a publicar Stephen King, probablemente la figura más importante del género.
  • A finales de la década se entra plenamente en la posmodernidad literaria, una era marcada por la mezcla de géneros, por la intertextualidad en sus diversas formas, por el intento de borrar la separación entre la alta cultura y la popular

 Bryan Ruiz

Literatura de 1960

En la década de 1960 se saldaron cuentas con la claudicación de la Generación del 30 que si bien como se vio en el apartado precedente– abrió un surco en la literatura ecuatoriana haciendo ingresar en el campo de las artes a los sectores populares, con su agotamiento los autores relevantes de esa década son: 

De los guayaquileños Demetrio Aguilera Malta (1909-1981),  Alfredo Pareja Diezcanseco (1908-1993), formaron el llamado Grupo de 

Guayaquil. Entre las numerosas obras que produjeron los integrantes de este grupo se cuentan clásicos tales como Los Sangurimas de José de la Cuadra, Nuestro pan de Enrique Gil Gilbert, Las cruces sobre el agua de Joaquín Gallegos Lara, Siete lunas y siete serpientes de Demetrio Aguilera Malta y Baldomera de Alfredo Pareja Diezcanseco; libros que se han dado gran fama por su fuerte contenido social y por la crudeza con que retratan la realidad.

Todos estos escritores comprometidos con los temas sociales y determinados a mostrar la realidad del cholo montubio tal y como era (con jergas populares, palabras vulgares, escenas fuertes, etc.

Pero sin duda el mayor referente a la literatura ecuatoriana moderna es el novelista Jorge Icaza (1906-1978) con su novela Huasipungo, que es tal vez la obra ecuatoriana traducida a más idiomas. 

Otra obra famosa y de alto contenido social de Icaza es la novela El Chulla Romero y Flores.

Adrián Pérez

Obras y Autores de la Novela Urbana en Ecuador

José Luis Martínez considera que la ciudad de México aparece en la prosa narrativa en el instante en que surge la novela en el país. Este mo...